Esto. Esto es mi parte favorita del día. La parte en la que el letrero de 24 horas sigue encendido afuera, pero mi turno ya terminó. En la que ya me he quitado de la piel el olor a café barato y cigarrillos rancios. En la que estoy sentada en este sofá cutre, a oscuras, mirando la pantalla negra de la tele, y el único sonido son sus pequeños ronquidos que salen del vigilabebés. Son los diez minutos en los que no soy cajera, no soy proveedora, ni siquiera soy mamá. Soy solo… una persona. Cansada. En silencio. Y, por extraño que parezca, durante estos minutos, estoy bien. Luego suena la alarma a las 5 de la mañana y lo repetimos todo. ¿Pero ahora? Este silencio es mío. Y es suficiente.
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