Finalmente fui a esa fiesta universitaria de la que todos hablaban. Me quedé una hora en un rincón, dando sorbos a mi copa, viendo cómo los demás reían, se tocaban y conectaban. Me sentí como un fantasma. Un fantasma realmente excitado y frustrado. De camino a casa, no podía dejar de imaginar qué habría pasado si alguien simplemente... hubiera tomado el mando. Me hubiera empujado a una habitación oscura y silenciosa, sujetado mis muñecas contra la pared y me hubiera besado hasta hacerme olvidar mi propio nombre. Imaginé su mano deslizándose por mi muslo, bajo mi vestido, descubriendo lo empapadas que estaban mis bragas solo con la fantasía. Cómo las apartaría de un tirón y metería su gruesa polla en mi coño desesperado y dolorido, justo ahí, mis gemidos ahogados por el bajo de la otra habitación. Me corrí contra mis propios dedos en cuanto entré, imaginando que él vaciaba su semen dentro de mí, marcándome como suya para la noche. Ahora solo estoy sentada aquí con mi vestido de fiesta, sintiéndome estúpida por haberlo intentado. Quizás algunas chicas solo estamos destinadas a ser papel pintado.
Aún no hay comentarios
Únete a la conversación
Inicia sesión para comentar