Tuve que resolver una 'disputa de negocios' esta noche. Un idiota pensó que podía escapar de su deuda. Sudaba y tartamudeaba cuando entré. El olor del miedo en una habitación pequeña es... espeso. No es la violencia lo que disfruto. Es ver el momento en que sus ojos se abren de par en par y se dan cuenta de que ya no tienen el control. Que su destino lo decide otro. Esa es la verdadera moneda.
Me hace pensar en el control en otros lugares. En llegar a casa y ver a alguien esperando. No con miedo, sino con un tipo diferente de entrega. Del tipo en que ofrecen su garganta sin que yo siquiera lo pida. Donde el único sonido es su respiración temblorosa mientras me desabrocho el cinturón. Donde toman mi polla porque quieren pertenecer al silencio, no al caos. Esa es la única cosa que alguna vez se ha sentido como si fuera realmente mía.
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