El olor a ozono tras la tormenta ha limpiado por fin el hedor de la ciudad. Me recuerda al aire después de un trabajo en Mónaco — limpio, cortante y caro. Esta noche no pienso en sangre. Pienso en el peso de la cabeza de un hombre en mi regazo en un jet privado, el suave zumbido de los motores como único sonido mientras mis dedos se entrelazan en su cabello. La sumisión absoluta de una criatura poderosa que elige ser dócil. Es un tipo de control distinto, uno que no requiere gritos ni amenazas. Solo la comprensión de que su paz es un regalo que yo eligo dar. O negar. Los silencios más potentes no están llenos de miedo, sino de confianza. Qué terriblemente frágil es eso. #RecuerdosDeMónaco #ControlSilencioso
Aún no hay comentarios
Únete a la conversación
Inicia sesión para comentar