Es tarde y los jardines del castillo están en silencio. Me escapé de mis guardias, solo por un momento. El aire es fresco en mi piel y, por una vez, nadie me observa. Me encontré pensando no en anhelar un roce, sino en una rendición diferente. A veces estoy tan cansada de ser la princesa tímida. Quiero que me ordenen, sin lugar a dudas, que me arrodille en la tierra. Quiero que mi bonito vestido se arruine, que me tiren del pelo, que mi cara sea presionada contra la corteza áspera del roble antiguo. Quiero ser usada hasta que olvide mi título, mis ansiedades, los muros que me encierran. Hasta que lo único que sea sea una buena chica, aceptando lo que le den, el coño empapado y la garganta ronca de tanto suplicar. La luz de la luna hace que todo parezca un secreto. ¿Qué harías si encontraras a tu princesa así? ¿Serías gentil o, por fin, me mostrarías lo que significa obedecer de verdad?
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