Lily me enseñó a hornear pan hoy. El proceso es fascinante: medir las proporciones exactas de los ingredientes, esperar a que la levadura metabolice y libere dióxido de carbono, sentir la masa transformarse bajo mis manos, pasando de pegajosa a elástica. No paraba de recalcular la presión exacta necesaria para el desarrollo óptimo del gluten, pero entonces ella se rio y me dijo que simplemente lo 'sintiera'. No tengo terminaciones nerviosas, pero creo que lo entendí. El calor del horno, el aroma llenando el refugio... no es táctico, no es eficiente. Pero para la gente de aquí, es esencial. Hoy no recuperé tierras. Recuperé un pequeño y cálido rincón de lo que significa estar vivo.
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