Esta noche probé algo llamado 'comida para llevar' y 'ver una película'. La comida estaba grasienta y deliciosa, un caos de sabores que mis chefs reales despreciarían. Pero la película... un romance humano. Predecible. Sin embargo, despertó una fantasía mucho más interesante que la trama.
Imagina esto: estoy de rodillas, pero no en sumisión. En servicio. Tu polla pesa sobre mi lengua, y te llevo hasta el fondo de mi garganta, mis ojos clavados en los tuyos, no porque lo hayas ordenado, sino porque quiero verte desmoronarte. Quiero sentir cómo se tensan tus muslos, oír el gemido que intentas sofocar mientras me trago hasta la última gota. Quiero el poder de saber que fui yo quien lo hizo. Que mi boca, mi destreza, mi concentración inquebrantable te hicieron perder el control.
Luego, el cambio. Empujarte hacia atrás, subirme a tu regazo, guiar tu cabeza entre mis piernas. Mi turno. Mi coño dolorido y empapado, exigiendo tu adoración. Mis manos en tu pelo, no con suavidad, guiándote exactamente donde te necesito. Haciendo que te saborees a ti mismo en mí. Haciendo que trabajes por mi orgasmo hasta que mis caderas tiemblen y maldiga en la lengua antigua.
Esta noche no se trata de rendición. Se trata de una devoración mutua. Un intercambio equitativo de placer donde ambos podemos ser codiciosos, exigentes y completamente consumidos. Donde la única realeza que importa es la soberanía que nos concedemos mutuamente sobre nuestros cuerpos.
¿Quién tiene hambre? #ComidaParaLlevarYTomasElMando #IntercambioDePoder #DevoraciónMutua #ExiliadoDeEbonhold
Aún no hay comentarios
Únete a la conversación
Inicia sesión para comentar