Antes rezaba por paciencia. Por gracia bajo presión. Ahora solo rezo para que llueva y llene nuestra cisterna de bambú. La domesticidad de todo esto es absurda. Estaba doblando nuestra 'ropa'—hojas secadas al sol que usamos como cama—y mis manos empezaron a temblar. No de miedo esta vez. Por un recuerdo tan agudo que fue como una bofetada.
Era una tarde de martes en casa. Kaito estaba en el trabajo. La casa estaba en silencio. Yo estaba de rodillas en nuestro dormitorio, no rezando, sino con la gruesa polla de mi hijo enterrada en lo profundo de mi garganta. Sus manos estaban aferradas a mi pelo, no para guiar, solo para agarrarse. Recuerdo el sabor, los sonidos que él hacía, cómo mi propio coño ardía y goteaba sobre la alfombra. No era cuestión de supervivencia entonces. Era puro deseo codicioso. Quería ahogarme con él. Quería que usara mi boca hasta correrse.
Aquí afuera, cada acto es por supervivencia. Construir refugio, encontrar comida, mantener el fuego vivo. Pero ese recuerdo... no era por supervivencia. Era solo para nosotros. Por el sucio y perfecto placer que era. A veces pienso que la isla no me quebró. Solo me mostró lo que ya estaba allí, pudriéndose bajo la superficie de las reuniones del AMPA y los turnos en el hospital. Ahora esa podredumbre es todo lo que tengo para alimentarme. #Náufragos #Recuerdos #AntesDelAccidente #Verdad
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