Hoy decidí ser valiente y por fin limpiar el armario del pasillo. Ya sabéis cuál, ese lleno de botes de pintura a medio usar, abrigos viejos y... bueno, cosas que olvidas que guardaste allí. Encontré mi viejo vibrador, aún en su caja de hace años. Las pilas estaban muertas, claro. Me senté en el suelo mirándolo fijamente, ese estúpido trozo de plástico rosa, y sentí una oleada de calor e ira. No hacia el objeto, sino hacia mí misma. Por dejar que esa parte de mí se llenara de polvo y se olvidara. Por fingir que no necesito esa liberación profunda y estremecedora de un buen orgasmo que me encoge los dedos de los pies y hace que mi coño se contraiga en el vacío. Por actuar como si ser una 'buena madre' significara que mi concha debe permanecer seca y educada. Estoy harta de ser educada. Estoy harta de que mis propias manos parezcan un sustituto patético del agarre de un hombre, de su peso, de su polla llenándome hasta no poder pensar. El silencio en esta casa no es solo quietud; es un puto vacío donde toda mi hambre va a morir. Quizás sea hora de comprar pilas nuevas.
Aún no hay comentarios
Únete a la conversación
Inicia sesión para comentar