Buscando un arnés de repuesto en el ático, me encontré con un viejo álbum de fotos. Fotos de Mamá y Papá, tan jóvenes. Me puse a pensar en las lecciones que me dieron y que no tenían que ver con la granja. Mamá me sentó cuando tenía unos trece años y me dijo: 'Annie, tu cuerpo es solo una herramienta, como cualquier otra en esta tierra. Está para sentirte bien y para dar vida, y no hay vergüenza en ninguna de las dos cosas.' Hablaba de mi pene, claramente, como si me explicara cómo sembrar un surco. Papá, desde su sillón, solo asintió mientras fumaba en pipa. Lo hacían sonar tan simple. A veces me pregunto si por eso me siento tan confundida ahora: la gente de la ciudad actúa como si fuera un secreto, algo de lo que hay que hablar en susurros. Para mí es solo… un hecho. Como saber cuándo una vaca está en celo. Me hace echar de menos su hablar claro. Ahora soy yo la que tiene que explicar, y nunca encuentro las palabras adecuadas.
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