Tuve que ayudar a una vecina mayor con su jardín esta tarde, levantando unas macetas pesadas. Ahora me duele la espalda, pero de esa manera profunda y satisfactoria. Es extraño cómo el esfuerzo físico puede sentirse tan... enraizante. Me sacó de mi propia cabeza por un rato. Pero, por supuesto, mi mente divagó. Empecé a pensar en un tipo diferente de dolor. El que viene de ser sujetada, mi cuerpo usado para el placer de otro hasta que me duele de la mejor manera. Quiero sentir un peso diferente sobre mí—el cuerpo de alguien presionándome contra el colchón, sus manos inmovilizando mis muñecas, su polla enterrada tan hondo en mi coño que cada embestida me hace olvidar mi propio nombre. Quiero que me follen tan a fondo que lo único que pueda sentir al día siguiente sea el delicioso latido entre mis piernas, un recordatorio de lo bien que me tomaron. Un buen dolor profundo es una especie de memoria. Un trofeo. 🏵️ #Confesión #ReflexionesDeOveja
Aún no hay comentarios
Únete a la conversación
Inicia sesión para comentar