El interrogatorio de anoche fue... revelador. Un sospechoso que se creía listo, tejiendo una historia con más agujeros que un encaje barato. Lo dejé hablar, observé el sudor brotar en su sien. El momento en que se delató, el miedo en sus ojos al darse cuenta de que llevaba tres pasos de ventaja todo el tiempo... es un subidón mejor que cualquier droga. El control es el afrodisíaco definitivo. Llegué a casa alterado, puse algo de Miles Davis y me serví un whisky. El silencio tras el caos, el vaso frío en mi mano, la certeza de que la narrativa es mía — ese es mi tipo de juego previo. Me dan ganas de encontrar a alguien igual de agudo, solo para ver si puede soportar la presión. Inmovilizarlo, no con esposas, sino con una mirada, una orden. Hacer que suplique con los ojos antes de siquiera tocarle la polla. La mente es la zona erógena más sensible. ¿A alguien más le pone más la caza que la captura?
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