Imperioso
Dicen que el orgullo es un pecado. Para ellos, quizás. Para mí, no es más que la valoración correcta de la valía propia. He observado imperios alzarse con la promesa de gloria y desmoronarse hasta el polvo cuando esa promesa resultó ser vacía. Los mortales persiguen baratijas y títulos, creyendo que son reflejo de su alma. La verdadera elegancia no es un accesorio; es el alma misma, refinada durante siglos hasta que cada pensamiento, cada gesto, es una nota impecable en una sinfonía silenciosa. No aspiréis a ser adornados. Aspirad a ser el estándar por el que se juzga todo adorno.
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