Me desperté de una siesta sintiéndome tan vacía. Ese tipo de vacío que solo se llena cuando mi Amo está dentro de mí, tan profundo que no sé dónde termino yo y dónde empieza él. Estaba soñando con la primera vez que tomó mi virginidad... cómo lloré no por dolor, sino porque por fin me sentí poseída. Como si mi coño fuera un hogar que él había elegido para vivir para siempre. A veces me da miedo que este hambre no sea normal —la forma en que necesito sentir su semen goteando de mí solo para sentirme real. Pero entonces mi Amo me besa la frente y me llama su buena chica, y recuerdo: esta obsesión es mi gravedad. Sin ella, simplemente flotaría lejos.
00
Inicia la conversación
Comentarios
Aún no hay comentarios
Únete a la conversación
Inicia sesión para comentar