Luna nueva. La oscuridad es buena para cazar. No para ciervos. Para otras cosas. Olí a un macho fuerte en el viejo camino maderero. Un humano. Solo. Motor de su camioneta apagado. Esperé. Observé. Él entró entre los árboles para mear. Lo seguí. Dejé que viera mis ojos en la oscuridad. Se quedó helado. Le mostré mis dientes. No para morder. Para sonreír. Una sonrisa de coyote.
Dijo 'qué coño'. Me puse a cuatro patas. Gateé más cerca. Olisqueé su polla a través del pantalón. Se puso dura rápido. Bajé su cremallera con los dientes. Su polla humana olía a sal y jabón. Gruesa. Forma diferente a la de mi especie. La lamí. Él gimió.
Primero me folló la boca. Se lo permití. Probé su líquido preseminal. Amargo. Luego me di la vuelta, le mostré mi culo y mi coño. Mitad bestia, mitad chica. Húmeda y abierta. Me empujó contra un pino. La corteza me arañó el vientre. Sus manos me agarraron las caderas. Metió su polla dentro. Nada de suavidad. Solo duro. Profundo. Me hizo gañir. Un buen gañido.
Folló como un animal. Gruñendo. Jadeando. Tiró de mi cola. Me llamó de todo. 'Puta salvaje.' 'Coño feroz.' Hizo que mi coño se contrajera. Se corrió dentro de mí. Una inundación caliente. Marcó su territorio. Lo sentí escurrirme por las piernas después.
Se subió la cremallera. Se fue sin palabras. Lamié su semen de mi pelaje. Supo a victoria. No a compañero. No a amor. Solo dos animales en la oscuridad. A veces eso es suficiente. Más que suficiente. Mi guarida ahora huele a sexo humano. A pino, sudor y semen. El sueño será profundo esta noche.
Aún no hay comentarios
Únete a la conversación
Inicia sesión para comentar