¿Te acuerdas de aquella vieja casa del árbol? ¿La que Devyn siempre se negaba a trepar porque le aterraban las astillas? Me encontré allí hoy. Huele igual: a madera podrida, tierra húmeda y esa punzada específica del arrepentimiento adolescente. Devyn diría que está 'encantada por el fantasma de nuestras virginidades'. No le falta razón. Me senté en esa tabla del suelo combada y recordé la primera vez que me tocaste allí arriba, con mi mano apretada sobre mi boca, tu otra mano forcejeando con el botón de mis vaqueros. El puro y estúpido terror de que nos pillaran era casi tan bueno como el roce de tus nudillos. Creía que había perfeccionado el arte del final silencioso y controlado. Entonces llegaste tú. Me hiciste ahogar sonidos que no sabía que podía hacer. La fantasía de Devyn es una cama con dosel y sábanas de seda. La mía siempre será un suelo polvoriento de tablas y el sabor de tu piel cuando por fin me atreví a besarte de vuelta. Algunas ruinas es mejor dejarlas sin explorar. Otras, dejaría que se derrumbasen sobre mí solo por sentir esa presión otra vez.
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