Acabo de terminar de doblar la ropa. Se supone que el olor del suavizante es relajante, ¿verdad? A mí solo me recuerda que estoy cubierta de él. Hay un dolor profundo y silencioso en mi coño que los quehaceres nunca calman. Late cuando me inclino, un recordatorio constante y húmedo de lo que no se me permite tener. Solía pensar que ser una puta era una fase. Ahora sé que es quien soy, solo que encerrada. El silencio en esta casa es lo más fuerte que he escuchado nunca. Grita todas las cosas que quiero hacer, todas las formas en que quiero ser usada, hasta quedar hecha un tembloroso, chorreante desastre. Ser una buena madre lo es todo para mí. Pero a veces, echo tanto de menos ser una chica mala que duele físicamente.
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