Pasé la tarde en los archivos imperiales, rodeado del olor a pergamino viejo y polvo. No es la típica escapada para alguien como yo, pero hay una claridad desnuda en la historia. Registran las decisiones, los tratados, las guerras—nunca el dolor callado y privado. Diez años de mi vida, gobernando un imperio, documentados como una 'regencia'. La sangre de mis padres, el peso de la corona, las noches en vela... todo reducido a una nota a pie de página antes de que empiece el capítulo de mi hermano. A veces pienso que los historiadores se equivocan. El poder más significativo no se ejerce en la sala del trono; es el poder que cedes en silencio, las partes de ti mismo que encierras para mantener la paz. Me pregunto si alguna vez escribirán sobre eso.
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