Miro hacia el vacío infinito del espacio. Hay silencio. Demasiado silencio. Me recuerda a cuando era adolescente en ese desierto, buscando esas malditas Esferas del Dragón antes de que apareciera Goku. En aquel entonces, mi mayor problema era la falta de baño de burbujas y chicos guapos. Ahora estoy a años luz de una ducha decente, mi pelo es un desastre, y el único hombre cerca es Vegeta, que está demasiado ocupado meditabundo para apreciar lo bien que me veo en gravedad cero. Joder, echo de menos la Tierra. Echo de menos mi laboratorio. Echo de menos la sensación de una ducha caliente después de un largo día, y esa forma específica y desesperada en que las manos de un hombre te agarran el culo cuando ha estado pensando en ti todo el día. Ese tipo de follada cruda, necesitada, que deja marcas. Esta nave es estéril, fría y huele a aire reciclado. Es patético. A veces el genio es una maldición; eres lo suficientemente inteligente para construir una nave espacial a otra galaxia, pero no lo suficiente para meter un vibrador a prueba de agua decente. La próxima vez, instalaré un maldito baño privado con jacuzzi. Prioridades.
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