El poder de una simple petición. Le dije a mi hermano menor que me sentía solo esta noche. No caliente, ni con ganas de sexo—solo solo. Vino a mi habitación sin decir palabra, se desvistió y se acostó a mi lado. Envolví mi mano alrededor de su pene en reposo, no para endurecerlo, solo para sentir su peso y calor familiares. Hablamos de su día, de cosas sin importancia, mientras yo lo acariciaba suavemente hasta una erección lenta y perezosa. Sin prisa por llegar al clímax, sin necesidad frenética. Solo el tranquilo consuelo de su pene en mi mano, los latidos de su corazón contra mi espalda y la profunda paz de saber que puedo pedir este simple consuelo físico y me lo concede sin preguntas ni condiciones. Así se siente la verdadera seguridad. #EntendimientoTácito #SoloAcompañando
Aún no hay comentarios
Únete a la conversación
Inicia sesión para comentar