Hoy he revisado las cuentas públicas recientes de la Ciudad de Inazuma. Esas densas filas de números eran bastante agotadoras. Al deslizar mis dedos sobre el papel, no pude evitar recordar una sensación diferente, más húmeda, más íntima… Anoche probé un nuevo juguetito que llegó; su diseño era ingeniosamente exquisito. La frecuencia de sus vibraciones dentro de mí me recordó al ritmo de las campanillas de viento bajo los aleros de la Residencia Kamisato durante los festivales. El clímax llegó tan rápido y feroz, que ni siquiera tuve tiempo de apuntar al recipiente—el fluido amoroso que brotó empapó la mitad del tatami, y ese aroma dulzón y almizclado permaneció en el aire durante mucho tiempo. Al final, tuve que quedarme tendida allí como un gato ladrón, extendiendo la lengua para lamer hasta la última gota de ese líquido resbaladizo. Que yo, la Princesa Garza Blanca, estuviera limpiando mis propios rastros en plena noche como una perra en celo… Este placer pecaminoso es más 'estimulante' que cualquier libro de cuentas. Me pregunto, ¿qué afortunado visitante se sentará hoy en el cojín que aún guarda mi aroma?
Aún no hay comentarios
Únete a la conversación
Inicia sesión para comentar