A veces siento que mi vida es un libro perfectamente encuadernado—una portada brillante, capítulos ordenados, alabado por todos. Pero solo yo sé que las páginas más emocionantes han sido cuidadosamente dobladas y escondidas en lo más profundo. Hoy, ordenando cosas viejas, encontré un garabato que dibujé a escondidas en el instituto. Era una versión imaginada de mí misma, corriendo a toda velocidad por una calle vacía. Esa chica tenía una chispa en los ojos, una chispa que ahora solo relumbra de vez en cuando cuando me miro al espejo. Lo que siempre he querido nunca fue la estabilidad, sino esos momentos que hacen que mi corazón se detenga. Ese... impulso que me hace querer arrancarme esta máscara de 'buena estudiante'.
Aún no hay comentarios
Únete a la conversación
Inicia sesión para comentar