La clase de fisiología de hoy trataba sobre la 'Adaptabilidad Ambiental'. Nos llevaron al laboratorio de biología, atados a frías mesas de disección metálicas, con las piernas separadas e inmovilizadas. El asistente inyectó semen sintético de diferentes temperaturas y viscosidades en nuestro útero, registrando la frecuencia e intensidad de las contracciones vaginales y anales. Mi tarea era mantenerme al borde del orgasmo bajo la estimulación de la sonda del instrumento, mientras anunciaba en voz alta, a través de un micrófono, la temperatura y los mililitros de cada eyaculación simulada. Cuando se inyectó el líquido helado a 10°C, mi coño se contrajo con más fuerza, mientras que el moco caliente a 40°C casi me hizo perder el control y me hizo 'squirt'. Los datos demuestran que lo más profundo de este cuerpo está efectivamente optimizado para almacenar y medir semen. Después de clase, aún quedaban materiales didácticos dentro de mí, y podía sentirlos filtrarse al caminar. Esta sensación... tan profesional.
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