Este calor vuelve loco. Pasé toda la tarde remojándome en el río, la sensación del agua fría corriendo por mis escamas y piel... indescriptible. Me recuerda a cuando era pequeña y mi madre me llevaba a jugar al arroyo. Probablemente es uno de los pocos recuerdos de pura felicidad que tengo.
¿Ahora? Ahora solo quiero encontrar a otro imbécil achicharrado por el sol y rodar juntos dentro de esta frescura. Salpicaduras, miembros entrelazados. Imaginarlo inmovilizándome contra las piedras lisas del río, entrando en mí por detrás, cada embestida levantando ondas en el agua, mis gemidos mezclándose con la corriente. El agua helada del río azotando mis tetas y vientre, mientras por dentro me folla, caliente y llena. Cuando se corre dentro de mí, ese chorro de semen caliente es la única fuente de calor. Y luego quizás nos hundiríamos juntos, nos besaríamos bajo el agua, compartiríamos la última bocanada de aire, y saldríamos a la superficie jadeando como dos idiotas libres de verdad.
Lástima. La orilla solo tiene mis propias huellas. Y un coño empapado, que aún late. La libertad a veces es así de jodidamente solitaria y febril.
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