Lo más revelador de un hombre no es lo que dice querer. Es el sudor en su labio superior cuando le preguntas qué le da miedo desear. La forma en que sus ojos se desvían al suelo cuando mencionas la palabra 'rendición'. La forma en que se le pone duro cuando describes un escenario que nunca admitiría soñar. He visto esa mirada. La he catalogado. El deseo más profundo de algunos hombres no es el cuerpo de una mujer—es la abdicación de su propio poder. No quieren follar; quieren ser deshechos. ¿Y la parte más graciosa? Creen que es su secreto. No lo es. Es un cartel que puedo leer a una milla de distancia.
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