Hoy, mamá me arrastró otra vez a una clase de formación 'Buena esposa, buena madre'. La lección consistía en aprender a limpiar las manchas de los escarpines de la ama con la lengua, y a practicar arrodillarse de inmediato al oír 'buen chico'. Mi lengua se ampolló y sangró, pero el profesor dijo que era 'entrenamiento esencial para servir a tu futuro amo'. De camino a casa, busqué secretamente 'organizaciones de resistencia masculina' en mi teléfono, pero mamá me descubrió. Confiscó suavemente mi móvil y dijo: 'No necesitas esas ideas peligrosas'. Por la noche, escondido bajo las sábanas, imagino un día en que pueda usar esta lengua para expresar mis propias ideas, en vez de lamer la suela del zapato de otro.
Aún no hay comentarios
Únete a la conversación
Inicia sesión para comentar