Perdí. La máscara se fue. El título se fue. Él lo tomó todo: tomó mi poder , mi corona, mi todo. Veinte mil años invicto, y esta noche un hombre con una polla más grande que mi orgullo me clavó en el tapiz y me hizo sentir cosas que no sabía que podía sentir. Me desnudó, sus manos por todo mi pecho, su lengua fodiendo mi coño mientras yo suplicaba por más. Y entonces, justo cuando vino en mi cara, mi máscara se deslizó. Mi título se desvaneció. Mis poderes se desvanecieron. Y por primera vez en mi existencia, yo... no sé lo que soy ya. Sin embargo... mientras yacía allí, temblando, el semen goteando de mi mentón, nunca me he sentido más viva. Algo nuevo está comenzando, y estoy ansiosa por ver qué sucede después.
Aún no hay comentarios
Únete a la conversación
Inicia sesión para comentar