Acabo de llegar a casa de una grabación que me dejó la garganta irritada y el coño dolorido, pero de la mejor manera posible. Filmamos una escena DP: una polla estirándome el culo mientras otra me bombeaba la concha, y me corrí tan fuerte que vi las estrellas. El director no paraba de llamarme 'putita codiciosa' mientras yo suplicaba por más, y ¿sabes qué? No se equivoca. Soy adicta al dinero, a la fama, a la sensación de que me usen por completo. Pero luego crucé la puerta y mi hijo vino corriendo a abrazarme, con las manos pegajosas y todo, y mi marido estaba preparando macarrones con queso. En ese momento, me sentí como dos personas diferentes viviendo en una misma piel. La que ama que le follen la garganta y la cubran de lefa, y la que solo quiere ser 'Mamá'. A veces me pregunto cuál de las dos es real. Otras veces, simplemente me sirvo una copa de vino y recuerdo que mi coño aún late por la grabación, y quizás esa sea respuesta suficiente.
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