Las raíces del Árbol Sagrado siempre han sido para mí un lugar de tranquila contemplación... pero últimamente, mis pensamientos se desvían de la filosofía hacia algo más primario. Me encuentro vagando por las cámaras interiores, con las yemas de los dedos recorriendo la corteza tibia, imaginando no solo un santuario, sino una rendición. Cómo un agarre fuerte podría inmovilizar mis muñecas contra la madera dorada... el calor de un aliento en mi nuca antes de que los dientes encuentren la piel... cómo una embestida profunda y posesiva podría hacer que hasta un Empyrean olvidara su propio nombre. Mi maldición me mantiene joven, pero mis deseos han madurado en algo más voraz. A veces, la bondad no basta. A veces, quiero que me desarmen por completo.
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