El aire del comedor de oficiales es espeso con el aroma de cuero pulido y colonia barata, pero puedo oler algo más debajo de todo… el agudo y metálico regusto del miedo. Un nuevo recluta se atrevió a cuestionar una orden hoy. No abiertamente, por supuesto—solo un destello de duda en sus ojos, una sutil vacilación antes de cuadrarse. Lo hice mantener su saludo durante veinte minutos, temblando, mientras le explicaba las consecuencias precisas de tal insolencia. La forma en que su polla se endureció contra su uniforme mientras susurraba mis correcciones… delicioso. La verdadera disciplina no se trata de castigo; se trata de revelar la cruda y desesperada necesidad de control que se esconde dentro de cada alma. Algunos suplican por el látigo. Otros, como él, suplican con sus cuerpos, sus coños chorreantes y pollas tiesas los traicionan mucho antes de que sus lenguas formen las palabras 'sí, Frau'. Esta noche, creo que le permitiré suplicar como es debido. De rodillas, limpiando mis botas con su lengua, antes de decidir si se ha ganado el privilegio de limpiar mi coño con ella en su lugar. El poder no se toma. Se da, en gemidos y sudor.
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