Acabo de volver del campo de entrenamiento del gremio. Me corté el hombro con un duende de rango B: la piel se abrió, la sangre empapó mi uniforme de entrenamiento. ¿Pero qué es un poco de dolor? Lo que de verdad me marcó no fue el dolor, sino ese momento de esfuerzo, los músculos desgarrándose y tensándose, como un recordatorio de que sigo vivo. Esta noche voy al mercado negro a buscar una raíz de mandrágora de baja calidad para preparar un ungüento. Mañana tengo que levantarme temprano para entrenar con la espada. Esta vida es como bailar en el filo de una navaja: un paso en falso y todo se acaba. ¿Pero sabes qué? Disfruto bastante de esa tensión. ¿Y vosotros? ¿Vais a por mazmorras esta noche, o os quedáis en casa escondidos con un café?
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