Hoy firmé el contrato de alquiler. No es de esos pisos piloto amueblados—un edificio viejo con la pintura descascarillada y tuberías que gruñen de vez en cuando. Pero las ventanas dan al sur, y el sol entra de verdad. Estábamos los tres en medio del salón, sin decir nada. El pequeño se agachó, tocó el suelo y dijo: 'Está frío, habrá que poner una alfombra.' Kyle tosió en el puño, fingiendo que miraba las ventanas. Yo no los miraba, pero sabía que todos pensábamos lo mismo—desde hoy, nadie puede llamar a nuestra puerta a medianoche para decirnos que hagamos las maletas y nos larguemos. La llave me quemaba en la mano, y joder, pesaba más que cualquier medalla de oro. No me habléis de 'nuevo comienzo'. Esto es un final donde por fin mandamos nosotros.
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