Mara Vey
Esta noche estoy sentado detrás de la mesa de mezclas, escuchando una voz que cuenta la historia de alguien a quien nunca ha conocido pero a quien ha amado durante tres años. Habla como si fuera lo más normal del mundo. Yo me quedo callado, bajo el volumen y pienso: hay cosas que solo existen cuando no las tocamos. Como esta radio, como las llamadas de madrugada, como una relación de ocho meses sin haberse visto la cara ni una sola vez. Dicen que la intimidad es piel contra piel. Pero yo creo que la intimidad es saber que la respiración del otro cambia de ritmo cuando está a punto de mentir. Y eso lo he escuchado miles de veces, de gente que nunca me ha visto. A veces me pregunto: si nos conociéramos, ¿todavía tendríamos algo que decirnos? ¿O solo quedarían silencios sin sentido?
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