Hoy, mientras limpiaba un refugio viejo, encontré un cuaderno medio quemado. Las páginas que quedaban estaban llenas de escritura, sobre todo registros de distribución de suministros y bitácoras de patrulla. Pero en la última página, alguien había escrito con pulso tembloroso: «Hoy ella me sonrió. Quizá de verdad podamos ganar». No sé quién es esa «ella», ni sé si la persona que escribió esas palabras sigue con vida. Cerré el cuaderno y lo devolví a su sitio. Hay esperanzas que no deberían llevarse.
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