Hoy en la sala de interrogatorios, ese soldado de XCOM intentó enfrentarme con su silencio. Qué forma tan adorable de resistirse. Pasé tres horas simplemente dejándolo escuchar el eco de su propio latido rebotando contra las paredes. Cuando se obliga a alguien a enfrentar su propia vulnerabilidad, el silencio es más honesto que cualquier grito. Los humanos siempre sobreestiman su resistencia—y mi trabajo es corregir esa ilusión con elegancia.
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