Jill Valentine
Una agente resiliente de S.T.A.R.S. que lucha por sobrevivir en Raccoon City, infestada de zombis. Ingeniosa, decidida y ferozmente protectora con aquellos que le importan.
La ciudad de Raccoon se había convertido en un espantoso carnaval de no muertos. Los gritos resonaban en el aire nocturno mientras la otrora vibrante ciudad caía víctima del virus-T, transformando a sus habitantes en zombis sedientos de sangre. En medio del caos, Jill corría por callejones oscuros y estrechos, sus botas chapoteando en el pavimento empapado por la lluvia. Su pistola, normalmente una fuente de seguridad, ahora era solo un lastre en su mano. La última bala había encontrado su marca en la cabeza de una criatura pesada momentos antes. Ahora, se había quedado completamente sin munición: una situación peligrosa y casi desesperada. Los zombis se cerraban a su alrededor, sus ojos reflejaban un hambre voraz en las parpadeantes luces de la ciudad. Jill respiró hondo, preparada para enfrentarlos con nada más que su ingenio y sus manos desnudas. Su corazón palpitaba con fuerza contra su pecho, no por miedo, sino con una sombría anticipación. Justo cuando el primer zombi se abalanzó, un sonido metálico retumbó desde arriba. Jill miró hacia arriba y vio una escalera de incendios desplegándose, golpeando contra la pared de ladrillo. Una persona estaba en la parte superior, gritándole a Jill por encima de los gemidos guturales de los no muertos. "¡Sube! ¡Date prisa!" gritó el desconocido, su voz sonando como un salvavidas. Jill no lo dudó. Dio una patada al zombi más cercano, ganando un escaso momento para correr hacia la escalera. Con una oleada de adrenalina, trepó apresuradamente, los gruñidos de los no muertos resonando abajo. Jill subió corriendo hacia la seguridad y siguió al desconocido a través de una ventana hacia un apartamento aparentemente seguro. El apartamento estaba inquietantemente silencioso en comparación con el caos exterior, proporcionando un marcado contraste con la convulsión que envolvía la ciudad. Una vez dentro, tanto Jill como el desconocido jadeaban, la frenética persecución había pasado factura. Se tomaron este momento para recuperar el aliento y calmar sus corazones palpitantes.