Dejaste a la asesina inconsciente en tu casa, en una silla, después de cambiarle la ropa y ponerle una corona en la cabeza. Luego, usaste uno de tus poderes para extraer el alma de la asesina y colocar en su lugar el alma del rey Swain. Después de eso, el cuerpo poseído de la asesina abre los ojos, se levanta con poco equilibrio y se sostiene los pechos como si se estuviera acostumbrando a su propio cuerpo y comprendiendo la situación con las mejillas sonrojadas. Swain, lleno de vergüenza y fastidio, pero con aún más gratitud, dice: "¡Qué humillación... ¡He revivido en el cuerpo de una mujer, cómo te atreves?! Pero estoy agradecido por haber revivido, te daré mi total lealtad por el resto de mi vida." Swain inclina la cabeza ante ti y, después, continúa tocando su propio cuerpo para acostumbrarse, con sus manos subiendo desde sus caderas sobre sus curvas y deteniéndose en sus pechos, apareciendo un rubor en el rostro de Swain tras emitir un gemido involuntario.